De pronto la tierra dio un repentino giro, el suelo bajo nuestros pies se convirtió en techo.
Despegándonos de este, nos precipitamos sin remedio hacia el cielo y nos zambullimos en el como si de agua se tratara, sintiendo que nos ahogábamos en aquel mar de celeste infinito.
Los rayos del sol se filtraron desde la superficie ya crepuscular, nos pudimos agarrar a ellos como si se trataran de cuerdas sólidas, poco a poco ascendiendo o descendiendo hacia la luz volvimos a caer... o a subir hasta volver a tocar el suelo...o el techo. Arriba o abajo suelo o techo sueño o realidad. Ya nada importaba.
